lunes, 4 de agosto de 2008

Venezuela

Intentar definir a la Venezuela actual es imposible sin hablar de Hugo Chávez. Pero intentar definir a Hugo Chávez no es cosa fácil.
Sus detractores dirán que es el diablo y que Miraflores huele a azufre – cómo él mismo dijo cuando tomó el estrado en las Naciones Unidas un día después que el presidente de Estados Unidos.
Sus simpatizantes, por el contrario, dirán que es el primero y único gobernante en la historia del país que se ha ocupado de ellos.
El rostro de Chávez está por todas partes: en los diarios, en la televisión, en las carreteras en espectaculares (billboards), en los edificios públicos y en la conciencia y conversación de todos los venezolanos. Genio de la propaganda al estilo castrista y del marketing del tipo de Disney. Sabe cómo usar los medios, sobre todo los internacionales. Cada sesión de su programa dominical Aló Presidente genera notas y editoriales en diarios de todo el mundo; tan sólo esta semana Aló brindó tres controversias: la nacionalización de un banco (seguida de una carta editorial en El País), la “bolivarización” del ejército y la implementación exprés (o intento) de leyes en el último día del período habilitante. Un día en la oficina para el señor presidente.
Es fácil entender la fascinación europea – en Grecia, donde he trabajado, es más común ver el rostro de Chávez en el periódico que el de líderes europeos. Chávez le habla al pueblo y se atreve a retar al Imperio como ningún otro líder fuera de Irán.
Pero más allá de la figura están las medidas, las acciones. Sí hay más infraestructura en Venezuela; sí se han regalado casas como nunca; sí hay más servicios médicos, incluyendo marca pasos de 40,000 dólares que se dan sin costo a quienes los necesitan.
También hay una inflación tenebrosa anclada al control de cambio que no permite que se deslice la fantasiosa cotización de 2.15 bolívares fuertes por dólar. El precio de las cosas y los alimentos está por las nubes, sobre todo a la supuesta tasa oficial. También hay un control de todas las instituciones y una estatización de la planta productiva, los medios de comunicación y, como dice el lema bolivariano del momento, “patria, socialismo o muerte” que apunta a un creciente control del estado sobre política y economía.
Hay dos buenos diarios en Venezuela – de los que no comentaré porque uno es cliente de la consultora para la que trabajo. La prensa parece dispuesta a rascar debajo del populismo y la demagogia en busca de algo de sustancia. Por supuesto, hay sustancia en la nacionalización de un banco. Pero quién dice que esta será la acción que finalmente debilite al gobierno de Chávez o que pruebe la ineficiencia de su gobierno. Difícilmente sucederá con el vendaval de liquidez generada por el alto precio del petróleo. Chávez da tela de donde cortar, pero no hay escándalo o controversia demasiado grande. Parece que, como a su amigo Bush, nada lo afecta.
Venezuela es, sin duda, el país con la gasolina más barata del mundo. En México, por ejemplo, cada vez que sube la gasolina sube todo (todo). En Venezuela sube todo sin que suba la gasolina. Y esa afrenta a la sabiduría convencional no acaba ahí: cuando las peleas de Chávez con varios líderes mundiales parece que manchará su posición en el mundo, el presidente va y usa Aló Presidente para condenar a la misma guerrilla que favoreció anteriormente, se concilia con el presidente de Colombia y bromea con camiseta en mano con el rey de España. Vamos, que no hay nada que le pegue ni que se le pegue.
Dirán que los pueblos tienen los gobernantes que se merecen. Me queda claro que este país perpetuará en sus libros de historia esa imagen de Chávez que hoy aparece en todas partes; se tendrán que dar el tiempo para entender el huracán político y social que los aqueja. Es una época para el estudio y, quizá, el tiempo ayudará a entenderla mejor. Pero una prueba más concreta e inmediata viene en noviembre, con las elecciones más importantes – o eso queremos creer – desde que Chávez asumió la presidencia y en las que muchos piensan perderá su control absoluto de la Asamblea y los gobiernos de los estados. Ya veremos, porque quizá sólo apunta a otro renacer de señor presidente.

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